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domingo, 2 de mayo de 2010

Una sonrisa para todos

Hoy día de la madre, desde este espacio mando un beso a todas las madres del mundo y en especial a mi madre y a mi abuela, un ramo de besos para vosotras GUAPAS.
También es el día de la risa y por ello os mando una sonrisa a todos y todas, que reír es de lo más sano que hay y he leído que tiene un montón de beneficios para la salud. Así que guapas y guapos a sonreír, que los ceños fruncidos nos afean y además nos sientan mal, por lo tanto os propongo que en vez del día de la risa, hagamos esta semana la de la RISA y es muy fácil, desde hoy dedicar una sonrisa a las personas que tengáis más cerca y durante la semana sonreír, al jefe, al compañero borde, al vecino plasta, al dependiente estúpido de la tienda, a todos aquellos que hacen que se nos borre la sonrisa. Dedicarle vuestra mejor sonrisa, que se contagien de vuestra risa y que sean un poco más felices y vereis como será una de las semanas más alegres del año y si esto funciona, hagamos el mes de la risa o el año o toda la vida.

Yo empiezo mi semana de risa enviándoos mi mejor sonrisa y una sonrisa que para mi es muy muy especial la de mi "Rubia de la barra".

Pd: podeis enviarme vuestra sonrisa os lo agradeceria mucho. jajajajaja

jueves, 7 de enero de 2010

Un regalo de Reyes.

Entre las cosas que los Magos de Oriente han dejado a los píes del nacimiento que hay en mi casa, han dejado unos versos para compartir.
Han dejado un poema de José Hierro, con la condición de compartirlo con todos, así que compartamos este presente y dejemos que los versos inunden nuestro alma.








Remordimiento
de José Hierro




I

Inútilmente fui
recorriendo senderos
entre mármoles.

Luz
de prodigiosa hondura.
(Toda la noche había
llovido. Al clarear
cesó la lluvia. Nubes
navegaban el cielo;
nubes blancas.)

Inútil
fue recorrer senderos,
buscar tu nombre. Inútil:
no lo hallé.
Y recé una oración
por ti -¿por ti o por mí?
Después te olvidé. Sean
los muertos los que entierran a sus muertos

II

Estaba
tan olvidado todo!
Pero esta noche...

¿Por qué será imposible
verte de nuevo, hablarte,
escucharte, tocarte,
ir -con los mismos cuerpos
y almas que tuvimos,
pero con más amor-
uno al lado del otro...
(Ilusión descuajada
del espacio y del tiempo
lo sé para mi daño.)

Yo te hablaría lo mismo que hablaría,
si yo fuese su dueño
mi verso: con palabras
de cada día, pero
bajo las que sonara
la corriente fluvial
de la ternura.
Como se hablan los hombres,
conteniendo las ganas
de llorar, de decirse
'te quiero'. Sin llorar
ni decirse 'te quiero',
que es cosa de mujeres.

Qué quedaría entonces
de ti, después de tantos
años bajo la tierra.
Dónde hallarte - pensé
aquel día. No estamos
jamás donde morimos
definitivamente,
sino donde morimos
día a día.

III

Pero esta noche...

Te abrazaría, créeme,
te besaría,
te daría calor,
te adoraría. Haría
algo que es más difícil:
tratar de comprenderte.

Y te comprendería
te comprendo ya, créelo.
Nos va enseñando tanto
la vida... Nos enseña
por qué un hombre ve rota
su voluntad, y sueña,
y vive solitario;
por qué va a la deriva
en el témpano errante
arrancado a la costa,
y se deja morir
mientras mira impasible
cómo se hunden los suyos,
la carne de su carne,
su hermoso mundo...

IV

Son líneas sin sentido
éstas que trazo.
Yo mismo no comprendo
qué es lo que dejo en ellas.
Acaso sea música
de mi alma, arrancada
de modo misterioso
por tu mano de muerto.

Tu mano viva.
Yo pensé en ella, pero
era una mano muerta,
una mano enterrada
la que yo perseguía.

Inútilmente fui
buscando aquella mano.
Se estaba convirtiendo
en festín de las flores.
En vaho tibio para
empeñar las estrellas.
En luz malva y errante
que da su son al alba.
Estaría mezclándose
con la tierra materna.
Se hacía mano viva:
lo que es ahora.

V

Te abrazaría, créeme.
Te daría calor.
Te comprendo ya. Entonces
no era tiempo. Fue un día
de septiembre, en Ciriego,
-un cementerio que oye
la mar- el año mil
novecientos cincuenta.

Cuando vivías, eras
un extraño. Aquel día
entre mármoles, fui
buscándote, tratando
de comprenderte. Sólo
esta noche, de modo
inesperado, al fin
he comprendido.

Tarde,
para mi daño.